Carlos Vidales ha muerto

Ella, entre sus hábitos tiene el de sorprendernos, el de aparecer en el lugar y momento menos esperado; esto fue lo que le ocurrió al poeta cuando se la encontró de manos a boca; se lo llevó y nos dejó esperándolo. El tenía programada una conferencia para hablarnos de un tema exquisito y siempre de interés fundamental para la memoria de América Latina, sobre Francisco de Miranda, uno de sus grandes hijos preclaros. El evento está programado para el 19 del mes en curso, a la 8 PM., en La Maison de l‘Amérique latine, el cual no se suspende porque todos sus amigos haremos presencia para recordarlo hablando de sus quehaceres, empezando una de sus cualidades la de ser un buen amigo.

Conocí a Carlos hace varios años en un barcito en Estocolmo, era invierno con un frío de hielo de temperatura de 20 grados por debajo de cero, tema con el cual inicié la conversación con el recién presentado. Pensé en ese momento, y aún hoy lo sigo pensando, sobre esa gran diferencia de generosidad entre el trópico y las zonas polares en la tarea de cultivar la tierra. Le decía a mi interlocutor que en las regiones del Caquetá y el Putumayo en Colombia, los campesinos después de quemar los arbustos derribados, lanzaban el maíz a la distancia como si estuvieran tirando pedradas y luego regresaban a los tres meses y medio o cuatro a coger la mazorca o el maíz ya seco. Vidales de un espíritu polémico dudaba de mis aseveraciones. Comprendí que él era un citadino de tracamandraca y que en asuntos rurales sus incursiones tenían el acento de lo efímero y de otros objetivos. Desde entonces cada vez que yo iba a Suecia nos encontrábamos para hablar de literatura y de otros aspectos en los cuales coincidíamos, lo mismo hacía él cuando venía a París. Nuestra amistad estaba anudada a los aspectos literarios e históricos que eran de interés mutuo.

Pasando a valores de mayor calado para abandonar lo anecdótico y personal que es lo accidental e intrascendente, Carlos era poseedor de filones que ameritan haber pasado por la vida. Uno de ellos fue su permanente preocupación en el área de lo social. En este campo siempre estuvo del lado de la justicia, de ahí su militancia en el campo de los valores que afirman el humanismo. En el plano de las asimetrías sociales defendió con ahínco a los débiles y a los que nada tienen; sea en el área de lo nacional o internacional; pero además permaneció firme en la lucha de todo tipo de discriminaciones y contra los abusos de los poderosos del planeta. En esto fue un intelectual consecuente con sus convicciones materializadas en un accionar práctico.

En su condición de intelectual, fue un constante investigador imparcial develando pasados desconocidos o maliciosamente ocultados o ignorados por la historiografía militante que siempre busca acomodar sucesos de la memoria para que redunden en el beneficio ideológico o político, de algunos sectores detentadores del poder.

Había en Carlos una veta de gran interés que se expresa a través de su creación poética. Con alguna regularidad me enviaba sus creaciones que leí con interés saboreando sus versos, y en otras ocasiones, análisis o crítica literaria. En el tema de la literatura tenía una solvencia para disertar refiriéndose a los valores estéticos del género y sus textos ya han conquistado su propio espacio en la poética latinoamericana.

Aprovecho este espacio para presentar a sus familiares un sentimiento de pesar porque ha cesado la conciencia de quien fuera un polígrafo trashumante de los valores de América Latina.