Ciudadan@s, trabajemos por la paz en armonía y entendimiento.

En nuestra tarea de recuperar los documentos de la historia de Ciudadan@s, reproducimos las palabras pronunciadas por uno de sus promotores, el compańero Hernando Franco en el acto de su lanzamiento en Montreuil Francia, el 1 de noviembre de 2014.

Ya, hace cerca de 70 años, ante la violencia de las oligarquías que asolaba el territorio de la patria, el gran caudillo de nuestro pueblo, Jorge Eliécer Gaitán, exigía hechos de paz y de civilización. De no ser así, decía, nuestro pueblo habría de navegar sobre ríos de sangre en busca de su destino inexorable.

Gaitán, conductor de paz, pagó con su vida, el precio del compromiso con su pueblo. Sus palabras proféticas se han confirmado. Desde esos años no hemos vivido un solo momento de tranquilidad y sosiego. Hemos transitado por caminos anegados de sangre y saturados de dolor.

Los aquí presentes, de una u otra forma, somos seres que hemos atracado en orillas ajenas y generosas, empujados por ríos de violencia.

Hoy, nos encontramos en una coyuntura histórica y no podemos eludir nuestra responsabilidad. Es imperativo que comencemos a transitar caminos de paz y de reconciliación. Tomo licencia de las palabras del poeta de Nuestra América, para desear:

paz para los crepúsculos que vienen,
paz para la ciudad en la mañana
cuando despierta el pan,
paz para el río Magdalena, río de las raíces,
paz para los Montes de María,
paz para las cenizas de estos muertos
y de estos otros muertos,
paz para nuestros campesinos,
paz para nuestra Colombia desangrada,
paz para todos los que viven:
paz para todas sus tierras y sus aguas.

El proceso de paz de Colombia pasa ineludiblemente por la firma de acuerdos entre el Gobierno Nacional y los grupos insurgentes. Sabotear las negociaciones o minimizar su alcance no significa otra cosa que contribuir a que nuestro país siga transitando caminos de sangre y dolor. De ahí, nuestro compromiso de trabajar, con la limitación de nuestros recursos, para que las negociaciones de La Habana se concreten en una firma que ponga fin al conflicto armado.

Tarea primordial es exigirles a las partes, un compromiso político real con las negociaciones y un cese al fuego multilateral. Debemos rechazar pues toda vacilación.

Construir la paz requiere grandes esfuerzos. En este proceso se deberán resolver los graves problemas que aquejan a la sociedad colombiana, el acceso a la tierra, al techo, a la salud y al trabajo. Debemos en consecuencia prepararnos a ello.

Con nuestra voluntad y nuestro trabajo podremos vencer el pesimismo y volver a soñar con una Colombia justa, en la que se muera de viejo y cese el desamor. Curtiremos nuevos cueros para fabricar tamboras que entonen fandangos, chandés, guachernas y cantos a la paz.

En este ejercicio de construir una fuerza de paz en estas lejanas tierras, debemos hacer prueba de tolerancia. ¡Qué reine la armonía ! ¡Que aprendamos de nuestros pueblos originarios a trabajar en cooperación y entendimiento !

La paz es un destino inexorable, no perdamos la ocasión de luchar por ella. ¡Manos a la obra!