Coyuntura trágica

22 sept. 2020 –
Por: Luis I. Sandoval M.

Al tiempo entre el plebiscito (octubre 2016) y la elección de Iván Duque en segunda vuelta (junio 2018) lo llamamos en esta columna coyuntura crítica (01.30.17); al tiempo desde ese momento hasta la noche del terror verde el 9 de septiembre 2020, cuando el ducado ha cumplido ya dos eternos años, podemos llamarlo coyuntura trágica, y al tiempo que sigue, próximos dos años, quisiéramos poder llamarlo, aún sin salir de la coyuntura trágica, tiempo en que se avizora y se gesta la transición a algo distinto, que represente un cambio sustancial.

Trágica esta coyuntura por el asesinato incesante de líderes y lideresas sociales convertido en varias masacres por semana, sobre todo de jóvenes, en los últimos meses; trágica por los atentados mortales contra excombatientes firmantes del Acuerdo de Paz y por el incumplimiento y reduccionismo implacable del mismo, sustituido supuestamente por la política de paz con legalidad; trágica por el empeño de continuar la erradicación con glifosato de cultivos de coca fuente única de sustento para miles de familias campesinas; trágica por el absoluto desprecio a las expresiones legítimas de protesta social, frente a las cuales, a pesar de su fuerza –recuérdese 21N y días siguientes, retomado este 21S-, el gobierno se niega a dialogar en mesas formales sobre los pliegos de exigencias presentados.

Trágica por el incumplimiento de acuerdos con movimientos de indígenas, campesinos, estudiantes, etc; trágica por el abuso abierto de la policía que llegó al extremo, el martes pasado, con el asesinato, visto por la ciudad y el mundo en tiempo real a través de celulares y redes, de Javier Ordoñez y por la respuesta con armas de fuego a la justa indignación que este hecho produjo; trágica por la resultante de esa noche de terror con 11 muertos y 521 heridos entre ellos 261 de la policía (El Espectador); trágica por el tratamiento a la pandemia del coronavirus con el esquema estructural de privilegio para unos y desprotección para los sectores medios y populares.

La relación anterior, incompleta, de hechos y desafueros del gobierno de un presidente sin fuerza propia que obedece directrices de un personaje siniestro, revela el carácter de una élite gobernante sin grandeza, que simula todo: la paz, la soberanía, las garantías, la transparencia; que como se ha revelado es un poder espurio elegido de manera fraudulenta con votos en gran parte pagados por el narco como se aprecia en la ñeñepolitica y otros hechos similares.