Declaración de guerra

Por: Francisco Rodríguez

Le declaro la guerra a la guerra. ¡Alto ahí guerra infame! Que no se derrame ni una gota más de sangre, que no se dispare más. Solo se permite disparar ráfagas de pintura y versos. ¡Alto ahí guerra! Somos mejores que tus proyectiles y balas y valemos más que la ambición que ocultan.

¡Alto ahí! ¡Hagamos arte en vez de muerte! Detengan las tropas y que no se haga una guerra contra el terrorismo, ni contra las FARC, ni contra Occidente. Enfilémonos para hacer ¡una guerra contra la guerra! Y ponemos un punto final.

Con proyectiles que destruyan lo abyecto y lo infame, con armas de verdad. Tan potentes como libros de Borges. No seamos cobardes. Atrevámonos a una guerra violenta simbólicamente que explote todos los intramuros de indiferencia y resentimiento: con sabiduría pura: ¡sin falacias!.

“¡Alto ahí guerra! somos mejores que tus proyectiles y balas, y valemos más que la ambición que ocultan.”

Una guerra donde la discordia se reduzca al debate y las lagrimas se cuajen en las pinturas y no en los misiles, donde se exalte lo humano como algo más valioso y bello que todos los petro-dólares del mundo. Una guerra que nos muestre que valemos más como individuos de paz que como una ideología, un país o la misma ONU.

Una nueva guerra donde la lucha religiosa se convierta en una lucha poética porque Dios dice palabras más nobles y porque una persona realiza más actos piadosos que preserven la vida y enaltezcan el espíritu. Una guerra donde el ganador sea el que más valora el entorno y la vida ajena.

Hagamos una guerra verdaderamente explosiva, nada de esas patrañas de bombas, balas y muertos. Necesitamos una guerra con armas que no sean de juguete, una guerra que empodere a la ciudadanía con conocimiento ¿de qué sirve matarla? ¿de qué sirven tantas armas? Si hasta los muertos crean ideologías hostiles. Hagamos una guerra que mate los ideales de guerra y la exclusión. Una que reviva los de paz. Una que no vengue a sus muertos ¡qué los exalte con el honor que merecen!

Creemos nuevas armas que vayan mas allá de la muerte del ciudadano corriente, que disparen paz en la memoria colectiva, armas contra la ignominia, algo más estético y menos podrido. Propongo el arte, la tecnología y el conocimiento ¡ya el mundo está cansado de este espectáculo grotesco!

“Hagamos una guerra verdaderamente explosiva, nada de esas patrañas de bombas, balas y muertos. Necesitamos una guerra con armas que no sean de juguete, una guerra que empodere a la ciudadanía con conocimiento.”

¿Cuándo le hacemos una guerra a la guerra?

Cuando le declaramos la Guerre a esa mortífera historia que condena a nuestros pueblos al sin fin de la muerte, cuando hacemos una guerra contra lo vigente, cuando atacamos con la furia de los argumentos y la finura de los pinceles a las instituciones que nos llaman a la extinción, cuando les declaramos la guerra con un trabajo de reingeniería social que haga todo menos ruin.

Cuando luchamos por el ahora, para no ahogarnos como humanidad en el mar de nuestra ambición y autodestrucción. Cuando recordamos lo frágiles que somos como ecosistema y como sociedad. Cuando nos hacemos fuertes y creamos bases sólidas con armas sólidas.

Recordemos que no solo hay una matanza en todo el mundo -sino que hay un destello de esperanza-, en todas las esquinas del mundo, gente declarándole la guerra a la guerra y haciendo el amor, gente declarándole la guerra al cambio climático (que nos amenaza a todos, de pronto más que ISIS o el imperialismo). Recordemos que hay ciudadanos como usted que piensan que aún hay una esperanza y que todavía es tiempo de hacerle la guerra a la guerra.

Los invito a agendar la fecha de hoy para hacer una guerra contra la guerra y pensar en cosas importantes. Así que, saquen sus lápices y disparen ideas y esbozos para un mundo mejor diseñado.

No teman.