El voto en Colombia

El evento comicial del pasado 25, muestran un giro diciente y significativo para el futuro de la democracia colombiana con la presencia del voto denominado de opinión; que es precisamente la voluntad auténticamente ciudadana del colombiano invisibilizado por pertenecer al común. Su decisión llevó a la victoria a candidatos en varias ciudades y diversos municipios, que nunca habían hecho política ni pertenecía a ninguna corriente de los tendales de la maquinaria tradicional, obscena y corrupta. El voto ciudadano no se deja comprar y menos sucumbe a los halagos de los electoreros de turno. En ese voto incorruptible empieza a anidarse la nueva Colombia.

El voto ciudadano lo hace por programas realistas, que pueden convertirse objetivamente en satisfacción de necesidades y progreso social, tanto en lo local, como para lo nacional, en el periodo de elección o con continuación de administraciones sucesivas. Exige de manera perentoria al elegido cuentas del por qué no cumplió con la totalidad de lo programado. Es una voluntad expresada que va más allá como cantidad de sumar en el sufragio. Ese voto incorruptible, es la impronta del cambio profundo que exige la democracia para modificar de raíz la institución del estado y reformar la sociedad colombiana en las necesidades apremiantes. Es igualmente la legitimación y garantía de que el trabajo, única fuente de riqueza de la nación ocupe el lugar que le corresponde. Sea el sudor de campesinos, obreros, industriales, comerciantes, científicos, es decir el trabajo sin excepción. El trabajo tiene que llegar ser el primer valor de la nación, que avala lo honesto y digno. Frente a los bandidos de todas las clases y géneros que con su estela de corrupción inician robándose los impuestos para luego seguir con los bienes del estado y continuar con los de los ciudadanos. La corrupción es para Colombia, el mal más grave, después de la violencia política; la cual iniciará su liquidación muy pronto con la Paz que muy pronto se firme en la Habana