¿Estamos preparados para el post-acuerdo?

¿Cuál es el aporte real que deben hacer los sectores económicos a la consolidación de la paz? No pueden pensarse solo desde sus intereses particulares de acumulación de riqueza sobre un universo de pobreza generalizada y tampoco puede reducirse a aportes voluntarios a un *fondo de paz* porque eso no resuelve nada. Su aporte debe estar dirigido a generar empleo digno y bien remunerado, unido a unas condiciones de mejoramientos estratégico de calidad de vida de las familias trabajadoras.

La mayor urgencia que tiene la paz es empleo digno y es desde allí que se construye la equidad en materia de derechos. No pueden ser los trabajadores, los campesinos, las comunidades étnicas, las mujeres, las poblaciones y los territorios los que tienen que hacer los grandes sacrificios para que la paz se consolide y beneficie con ella a los empresarios del campo y la ciudad, y al capital trasnacional. Ese modelo de paz no resuelve nada, es un modelo construido sobre una oferta de seguridades al capital y de incertidumbres a las poblaciones y territorios. Es un modelo de paz para los empresarios que se olvida de la gente. Es un modelo de paz para que el conflicto social y político se mantenga vivo, pero domesticado.

No creo que exista nadie que piense que los conflictos se van a acabar y que lo que se ha denominado “Postconflicto” es la finalización de los mismos en un país de leche y mermelada, como lo hubiese definido Zuleta. Por el contrario, la finalización del conflicto armado tiene como consecuencia lógica el renacimiento de los conflictos sociales, económicos, políticos, culturales, étnicos y de toda clase. Y eso demanda preparación para resolverlos, no para reprimirlos, sino para resolverlos. No se puede seguir atropellando a las poblaciones, como única forma de enfrentar su legítimo derecho a la organización, a la movilización y a la protesta. No se puede seguir asesinando a los dirigentes sociales y políticos, a los liderazgos de las poblaciones en los territorios, porque lo que va salir de allí es una nueva guerra. Desde ahora, el gobierno tiene que reconocer y proteger los liderazgos y las dirigencias sociales y políticas. Debe apropiar sus agendas de derechos, retomar sus pliegos de reivindicaciones y darles trámite de solución efectiva. El Gobierno debe hacer *cese de hostilidades* contra la protesta legítima y crear una instancia de alto nivel para resolver desde un nuevo e incluyente enfoque institucional los problemas de la gente.

No hay un solo lugar, al que uno vaya como conferencista a hacer pedagogía de paz, en donde no le reclamen por el comportamiento del Gobierno, las acciones paramilitares y la represión oficial de la Fuerza Pública, en donde no hagan público su odio por la forma que opera el Esmad. No se puede hacer pedagogía de paz desde el atropello y la muerte. Decidir un *cese a las hostilidades* y diseñar una nueva y democrática estrategia de tratamiento de los conflictos sociales hacen parte de la preparación para los post-acuerdos.

La cultura de la globalización ha destruido al movimiento social y político, ha fragmentado la agenda social en miles de pequeñas y particulares agendas, ha generado agudos proceso de despolitización ydesideologización, no hay pretensión ni de transformaciones estructurales, ni de revoluciones, ni de utopías que desarrollar…, desaparecieron losmetarrelatos, todo comienza a pensarse como pequeño en la búsqueda de significativos cambios en el espacio local. Las poblaciones y los territorios adquieren sentido, pero las formas de organización se precarizan. Hay dispersión, fraccionamiento, separación, la unidad se hace más horizonte que realidad. Solo se sostienen viejas estructuras cargadas de vicios y liderazgos descompuestos y burocratizados. Igual que en las estructuras de dominación las crisis no generan cambios, sino ajustes y recomposiciones para seguir en lo mismo. Se ven las movilizaciones, pero no crecen, no se fortalecen, no se transforman, no se subvierten, se encojen… No han surgido nuevos y vigorosos liderazgos y dirigencias capaces de modernizarse, de subvertirse, de colocarse en un nuevo horizonte de sentido político, pocos trabajan en esa dirección y quienes lo hacen reciben todo tipo de calificativos.

¿Por qué si la razón la tenemos nosotros, el poder lo tienen ellos?, ¿Porqué si la necesidad la tenemos nosotros, la riqueza la tienen ellos?, ¿Porqué si el hambre la tenemos nosotros, la comida la tienen ellos?… esto preguntaba con insistencia, en algún lugar que ahora no recuerdo, un líder popular del que he olvidado su cara y su nombre. No tengo la respuesta, pero considero que en gran medida eso obedece a la falta de organización, de unidad y de construcción de una unidad de propósito que coloque al centro la dignificación de la condición humana.

De nada sirven los acuerdos que se puedan alcanzar en la mesa de conversaciones si detrás de ellos no se construye un movimiento social y político vigoroso, que sea el doliente de los mismos y los defienda. No es suficiente ni una Asamblea Nacional Constituyente, ni una nueva Constitución Política, si detrás de ellas no hay una sociedad civil fuerte,capaz de construir los escenarios sociales y políticos de movilización para defender esos acuerdos y hacerlos efectivos, a través de leyes, planes, programas, proyectos, políticas públicas de transformaciones reales… Y eso por ahora no existe.

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