Exilio político colombiano

El presente trabajo es el resultado de una solicitud hecha por amigos exiliados en París, con el fin de esclarecer un poco el tema sobre el exilio en Colombia. País que a partir de la independencia, al igual que en todas las naciones de América Latina, el fenómeno del exilio político ha sido una forma coercitiva recurrente de acallar a los opositores; sin embargo, en Colombia por la opresión sistemática de las castas que desde la independencia se empotraron en el poder, han tenido como su primer objetivo hacer del estado una fuente de enriquecimiento personal, además de ser un instrumento al servicio de sus intereses, con consecuencias nefastas para el pueblo colombiano, que solamente ha disfrutado de periodos muy breves de Paz y de desarrollo social; situación que registra múltiples guerras civiles, entre las que se cuenta la actual que va a cumplir 70 años de combates. Estadio violento que ha acerado a los sectores populares, los cuales han opuesto una tenaz resistencia para defender su libertad y sus derechos.

Para tener una idea somera de lo que es el exilio político colombiano, es obligatorio detenerse, al menos, en la última violencia partidista, liberal-conservadora, que precedió el actual conflicto. El cual, dentro de sus particularidades produjo el exiliado político interno; es decir, aquél que no salió del país, pero que huyendo del adversario político perdió todos sus bienes, miembros de su familia, y en muchas ocasiones el derecho a regresar a su tierra de origen, viéndose forzado a exiliarse en territorios de dominios de sus copartidarios. Violencia que en la historiografía colombiana se le conoce como la persecución desatada por el partido conservador haciendo uso del cuerpo policial, mejor conocido como chulavita, contra el partido liberal. Su resultado ha sido más de trescientos mil muertos y miles de exiliados políticos liberales, en un lapso brevísimo de un quinquenio del siglo pasado. De otra parte, el exiliado político de dicho país, se subsume en el concepto del derecho internacional de carácter universal, dentro del estatuto existente para este tipo de perseguidos.

El exilio político es una institución bastante antigua que tuvo origen en Atenas como un medio de prevenir el acceso al poder a personas despóticas o tiranas; en aquel entonces se le denominó ostracismo, los ciudadanos votaban para determinar el peligro de un individuo en el seno de la comunidad griega; si se le encontraba presumiblemente peligroso se le sancionaba de manera preventiva, poniéndole una ostra en su mano, al mismo tiempo que se le señalaba el lugar a donde debía partir en corto tiempo y de manera perentoria. Quien se inventó el citado procedimiento en el 510 fue el jurista Clístenes, arconte de Hipias. Hay duda de quién fue el primer ostraquizado, de acuerdo a unas fuentes fue Hiparco el político en el 487, al analizar los hechos, todo parece concluir que fue Hipias el político, que se había convertido en tirano. Jantipo padre de Pericles también recibió la sanción. Clístenes pertenecía a la tradición democrática ateniense, hijo de Meglades II, cuyo padre presidió el primer gobierno popular ateniense en contra de los nobles. No hay fecha exacta, todo parece indicar que ocurrió en el 560, lo seguro es que sucedió en el siglo VI y el siglo V antes de nuestro calendario. Igualmente Clístenes estableció una durabilidad mínima de 10 años, y si el sancionado resultaba de gran peligro, la prohibición de retornar era de por vida. Costumbre que pasó a Roma de forma alterada, muy particularmente en los mecanismos donde hubo un cambio radical; mientras que en Atenas el procedimiento era por voto directo para preservar la democracia, en Roma en la mayoría de las veces era voluntad del Emperador para mantenerse en el poder e impedir el Demos Cratos, o sea, la república, ésta, conquista de los sectores democráticos y la plebe que era la mayoría del pueblo romano y quien logró mínimas instituciones, siendo la más poderosa el Tribunado que era un equilibrio de poder entre la nobleza senatorial y los sectores populares. En el imperio dos Tribunos han sido los más célebres; los hermanos Gracchus, principalmente Tiberius Sempronius, que siendo Tribuno de la plebe hizo aprobar leyes que favorecían al pueblo romano en varios temas de orden social. Para su segundo periodo elaboró un vasto programa de gobierno donde se modificaba la tenencia de la tierra en poder de los nobles y otras medidas de tipo radical. Era el 10 de diciembre de 133 cuando se presentó su candidatura; de repente un grupo de exaltados senadores encabezados por el senador Escipión Nasica lo asesinaron a golpes en la cabeza y en el resto de su cuerpo. Lo anterior refleja el encono de los diferentes sectores de la sociedad romana en la lucha política por el manejo de los asuntos públicos. En cuanto al exilio, a fin de tener una idea citaremos dos casos que fueron célebres en su tiempo de dos condenados al ostracismo: el poeta Publius Ovidius Naso, conocido como Ovidio, íntimo amigo de los poetas Tíbulo, Propercio, Horacio y otros. Ovidio fue autor de varias obras entre las que se cuenta El Arte de Amar y la Metamorfosis. Exiliado por Cesar Augusto en el año 8 a Tomis, hoy Constanza en Rumania, y al poderoso Marcus Tullius Cícero, mejor conocido en español como Cicerón, uno de los grandes retóricos y oradores del Imperio Romano, y quien fue también excelente escritor latino. En el año 48 antes de nuestra era, debido al regreso de Caius Julius Caesar, temiendo por su vida Cicerón se refugió en Farsalia. En el periodo de los triunviros en el 43, siendo cónsul Antonio, ordenó el asesinato de Cicerón a quien le cortaron las manos y la cabeza, partes que fueron exhibidas en los rostras; o sea, en el muro de la Tribuna del Foro Romano.

En tiempos modernos aparece una nueva situación para el perseguido por intereses de estado o de orden político, a quien se le priva de su ciudadanía, se le expulsa del país y en la mayoría de las veces se le incauta los documentos de identidad. A causa del hecho queda sin patria deambulando por el mundo, ante la citada realidad, convenciones internacionales recientes le han dado respuesta con un estatuto jurídico denominado “APATRIDA”. El fenómeno resulta ser en ocasiones más colectivo que individual, es el caso de los armenios que expulsó Turquía de su territorio donde perecieron más de un millón de personas dando lugar al concepto de genocidio. En la actualidad, para mencionar un sólo caso, es el de los rusos que viven en los países bálticos, al desintegrarse la Unión Soviética dejó de existir dicha ciudadanía. El gobierno local se niega a reconocerles la ciudadanía nacional, no obstante de que la mayoría ha nacido en su suelo. La ACNUR, estima que en la actualidad hay unas doce millones de personas que afrontan la deplorable situación.

En tiempos de la Colonia en América, uno de los aspectos dominantes fue el prisionero deportado, es suficiente con mencionar un caso célebre. El más universal de todos los latinoamericanos de su época, Francisco De Miranda. Participó en la Independencia de EE.UU y en la Revolución francesa. En la batalla de Valmy fue ascendido a general de división por el desempeño militar que tuvo frente al ejército prusiano que comandada el duque Brunswich. Victoria que fue decisiva en la consolidación de la Revolución francesa que permitió el establecimiento de la Primera República. Posteriormente participaría en el ejército de Napoleón con brillantes desempeños militares, mérito que estampa su nombre en El Arco del Triunfo. En su lucha por la libertad de América del Sur, fue detenido en julio de 1812 por orden de Domingo Monteverde, jefe del ejército español, encarcelándolo en la mazmorra de Puerto Cabello, para luego ser trasladado a una prisión de Puerto Rico en 1814, y posteriormente de ahí a la prisión de Carraca en Cádiz, España, donde murió el 14 de julio de 1816, fecha simbólica de la tierra por la que también combatió para conquistar su libertad, pues el 14 de julio es el día nacional de Francia.

En Colombia reseñamos un caso interesante de fines del siglo XIX, periodo en el que también abunda el exilio político. Es la realidad de un perseguido político por los dos poderes determinantes de la nación, el estado y la iglesia. El 30 de agosto de 1884, fue suspendido y expulsado el profesor José María Vargas Vila, del colegio más prestigioso de Bogotá donde él dictaba clases, por el cura jesuita Tomás Escobar rector del plantel, por sus ideas en torno del erotismo y concepción política. El estado y la iglesia lo sometieron a un juicio por atentar contra la moral pública y religiosa, llegando a acusarlo hasta de ladrón; fue condenado por todos los cargos. Perseguido por Rafael Núñez en 1886 logró escaparse hacia Venezuela, país donde se exilió por algún tiempo para luego continuar un periplo por el mundo hasta el fin de sus días en 1933 en Barcelona.

En el conflicto actual, el primer exiliado político ha sido el médico caldense nacido en Ríosucio en 1924. Tulio Bayer. Comandante guerrillero en el Vichada, capturado por la armada colombiana y encarcelado en Bogotá en la Modelo donde purgo sentencia por rebelión. El presidente de la república Alberto Lleras Camargo, le desató una feroz persecución obligándolo a refugiarse en casa del embajador de México, luego de unos meses la república mexicana le otorgó asilo político. Llegó a París en 1967, sería testigo fidedigno de mayo del 68. Murió de una enfermedad mortal generada por su melancolía permanente, un 27 de junio de 1982 en la ciudad de París donde transcurrieron sus últimos 15 años. Son varios los que han caminado por el mismo sendero de Bayer. Últimamente citaremos dos casos; el de Germán Sarmiento y Mauricio Cardona quienes hicieron el tránsito de lo animado a lo inanimado igualmente en París.

Entre las décadas del 60 y 70, la guerra civil en Colombia, ante el hecho de que cada vez era más evidente de que el estado colombiano no obtendría una victoria mediante la crítica de las armas, el gobierno distorsionó el conflicto de los causes normatizados por los tratados y convenciones para un conflicto asimétrico en el derecho internacional. Situación que se manifestó en los encarcelamientos indiscriminados, desapariciones forzadas, eliminaciones físicas de intelectuales, sindicalistas, políticos, estudiantes, mujeres de todas las actividades, partidos políticos; es decir, un encarnizamiento feroz contra toda la población, la cual produjo un colosal caos social con millones de desplazamientos internos y externos, particularmente a los países vecinos. Venezuela ha recibido cinco millones, y en lo que va corrido del presente año 180.000 casos todos legales, sin tener en cuenta los ilegales que son la mayoría. En Ecuador la cantidad es menos pero es significativa. Una parte de este éxodo es consecuencia de los grupos armados privados para apoderarse de los bienes del campo empezando por la tierra. En lo que concierne al estado para realizar su cometido fue necesario formar fuerzas auxiliares con la creación de organismos específicos como son los paramilitares. La represión de rasgos múltiples, modificó el exilio tradicional, cambio que obedece también a otra causa que es la prolongación indefinida hasta hoy del conflicto, que ya supera la vida normal de un individuo.

La realidad actual del exiliado político colombiano, hace necesario definir quién es un exiliado político, porque él es portador de categorías que le dan su existencia. El exiliado político es una parte constitutiva del conflicto, por ser él un elemento de acción en el campo de la contradicción entre lo democrático y anti-democrático, sea como opositor en el área de las ideas, en las luchas por las reivindicaciones sociales, en la ideología o en la crítica de las armas, es decir en todo lo que es político él tiene una participación activa. Sin embargo, esa exteriorización señalada se enraíza en un elemento esencial que forma su conciencia en tanto que sujeto político, materializándose en la lucha por la democracia. Aquí nos referimos a la auténtica Democracia. No a ésa de tipo formal de cara aparente, visible en las elecciones que en buena parte de los países no tiene otra finalidad distinta que elegir a un grupo de individuos; que en el caso colombiano muchos compran los votos, para hacerse elegir, numerosos de ellos son verdaderos delincuentes que convierten a las instituciones del estado en excretaderos de la corrupción. Un estado democrático es aquél que garantiza plenamente todos los derechos sin excepción, en igualdad de condiciones a cada ciudadano. El ciudadano es la única categoría todopoderosa, empezando porque ella es el origen mismo del estado, su razón de ser, porque ella es fuente de su potencia en sus distintos ordenamientos, sean ejecutivos, legislativos o judiciales. El ciudadano es la horizontalidad del estado sobre la cual se erige la pirámide del poder. Entonces es de fuerza concluir que un estado democrático por obligación necesaria, es el poder de las mayorías. Poder que en la vida cotidiana se manifiesta en el interés social-general. En un estado de este carácter, no pueden haber exiliados políticos porque el derecho a la crítica; es decir, al usufructo del espacio del disentimiento está garantizado plenamente, en razón de que el ciudadano es oído, y en el caso de que se presente la justificación razonable; el objeto de disentimiento o crítica, sea atendido plenamente como un correctivo administrativo. Derivado de esto; el ciudadano crítico, no solamente usa de su propio derecho que es garantizado en la realidad de su ejercicio ciudadano, sino que él se convierte en necesidad imprescindible de la verdadera democracia. Si ésta es su condición determinante, el exiliado político es entonces incompatibilidad, negación del estado anti-democrático. En un estado donde se presente la fenomenología del exiliado político, es una señal calificadora de que allí hay un régimen despótico y anti-democrático, en razón de que se presentan dos realidades incompatibles cuyo carácter es antagónico.

Otro de los aspectos indispensables de clarificar es el que al fundirse el perseguido político en la fenomenología del exilio, éste le impregna el rasgo de víctima, que desde luego la tiene; es elemental que víctima es todo aquel a quien se le ha aplicado cualquier tipo de violencia, y en este caso una violencia dimensionada, comenzando por la expulsión de su país. Sin embargo, lo anterior no es lo fundamental ni lo determinante de su esencia. Su esencia la constituye y determina su participación en política, verdadera causa de su condición, la consecuencia es el exilio hecho realidad en lo transgeográfico, a causa de su trasterramiento que en este caso no es lo principal, puesto que no es causa, sino efecto. Es más, el verdadero exiliado político, no se considera como tal, sino como un militante que combate en otras condiciones y con otros elementos de lucha. La gnoseología del exiliado político está definida porque él, en tanto que unidad, en esa condición de individuo actuante, su lucha se desenmarca de lo individual, por la consecuencia de su acción realizada en el seno de la colectividad centrada en el interés del bien común. La víctima, como son los millones antes especificados, en su inmensa mayoría han sido ajenos al conflicto, sufren la consecuencia derivadas del choque de armas, o de realidades colaterales como ya se anotó.

Sin embargo, hay que ahondar más. Hemos definido el paradigma del exiliado político colombiano; no obstante en la realidad resulta insuficiente porque ella nos muestra otras realidades. Por lo prolongado del conflicto en el tiempo y porque el exiliado se ve enfrentado a situaciones muy duras para existir, termina por abandonar sus ideales. En este momento es obligatorio tocar un punto. Abandonar los ideales en forma activa, porque él ha sido y sigue siendo a pesar de la distancia, el tiempo y en ocasiones la soledad política, un anhelador, un soñador de mundos, un utopista genuino. Hay también otros para quienes su organización pereció en los fragores del choque, su existencia se está integrando o se integró al plano de la memoria. Cada exiliado colombiano en cualquier parte del mundo donde se encuentra, tiene sus propias particularidades e intereses, los que presentan factores dominantes como es la doble nacionalidad donde el país acogedor tiene dicho beneficio. Otros, como es el caso de Suecia, el exiliado está obligado a renunciar a la nacionalidad colombiana. La inserción ha resultado ser un factor decisivo en el cambio de actitud frente a su condición de exiliado; empezando por el emparejamiento con el nativo dando lugar a una familia binacional con efectos profundos, muy específicamente en el seno de la sociedad colombiana, bastante ajena a este tipo de mestizaje que en el futuro hará aportes positivos, comenzando por el cambio de mentalidad hacia los valores foráneos. La descendencia es otro factor completamente desconocido hasta ahora en el contexto nacional; sea ésta de parejas entre nacionales o de binacionales, descendencia que tiene en el marco del exilio intereses bien definidos, tanto para el hijo en sí, como para su progenitor exilado político. Se da también el caso de exiliados que por diversos factores tomaron la decisión de cortar nexos con Colombia, en razón que el país acogedor, los ha plenizado en el campo de sus utopías personales, materiales e intelectuales. De igual manera existen situaciones de aquéllos que desean regresar pero le es imposible hacerlo por impedimentos políticos bien precisos; es decir, la realidad del exiliado político colombiano muestra una panoplia de situaciones específicas diferentes al exiliado chileno, argentino u otros en América Latina, caracterizado por una fenomenología que presenta factores generalizadores con lo cual se dan las condiciones para encontrar soluciones iguales o parecidas en el marco de lo general.

Hasta ahora nos hemos referido a los exiliados políticos de izquierda que son la inmensa mayoría. No obstante, la realidad convulsa de la nación colombiana, cuyas características son marcadamente distintas a los parámetros del resto de América por sus particularismos, tal como lo hemos anotado antes. A causa de ello, nos encontramos con un escasísimo grupo de exiliados del bando contrario; o sea, de derecha. Fenómeno que refleja varios aspectos del conflicto, el más importante es el que en un momento de la confrontación predominaron las fuerzas insurgentes, causa que originó la salida forzosa de cierto tipo de personas. Otra realidad que es necesario aclarar, es la de no confundir una enorme masa de falsos exiliados políticos que se hacen pasar como perseguidos por los insurgentes para lograr su legalización, o por papeles como ellos dicen; fenómeno que igualmente afecta al exilio de los de izquierda. Son muchos los que se hacen pasar por luchadores populares o militantes de organizaciones combativas de oposición. Estos izquierdistas por necesidad, han resultado ser una cantidad muy significativa, superando varias veces a los verdaderos, porque a esto hay que añadir también a los emigrantes económicos que hacen uso del exilio político abultando la cifra. Aquí surgen dos aspectos necesarios de tratar:

El primero es el movimiento normal de migraciones humanas que data desde el mismo momento en que superamos nuestra condición antropomorfa para ser Homo Sapiens, que son nuestros choznos primeros pobladores del nuevo mundo. Fenomenología que ha existido y existirá en Colombia, y que no es responsabilidad de ningún gobierno ni de nadie, puesto que es una de las tantas formas de existir de la humanidad en la búsqueda perenne de su mejoramiento en el vivir de la especie, y que actualmente ya se avizora el de irnos a vivir a las estrellas.

Segundo. Hoy se confunde la categoría de refugiado con exiliado político. Dos realidades muy distintas. El refugiado tiene origen en múltiples factores. En este espacio trataremos en síntesis su esencia, la cual se encuentra en que su condición es el efecto de un conflicto en el cual él está al margen. Hay ocasiones en las que ni siquiera adquiere la condición de perseguido, simplemente huye de la muerte esparcida en todas las direcciones, consecuencia de una violencia generalizada; no quiere decir, ni significa que sea la única causa, siempre son muy variadas, pero todas confluyen a un punto central. El refugiado es el resultado de un conflicto al margen de su voluntad, y por ello es una víctima incuestionable. A la altura de este horizonte brota la necesidad de sacar a la superficie la hipocresía que cabalga entre países que se consideran adalides en derechos humanos, y cómo son las ironías de la borrasca de la violencia, bástenos ahora con dar una mirada por el Mediterráneo, Europa generosa en ayudar y acoger esa parte de la humanidad doliente tiene en sus entrañas a gobiernos, que junto con otros son los directos responsables, los victimarios de los refugiados, hecho que nos da la medida de lo inhumano que son los intereses internacionales.

Retomando lo de los refugiados colombianos, el gobierno nacional estimula este tipo de migración soslayada hacia el exterior, hay quienes entre ellos que se hacen pasar por exiliados políticos, hecho que le trae jugosos beneficios, es un ganador ciento por ciento. Primero porque desacredita al exiliado político, en razón de que los falsos exiliados, algunos de ellos tienen en Colombia verdaderos prontuarios del delito, actividad que siguen cometiendo en el país receptor. Igualmente, una parte significativa de los acogidos cometen acciones trasgresoras mientras que la práctica del entorno social los educa corrigiendo sus conductas censurables. Segundo, los colombianos que habitan en el extranjero es una masa representativa que en la actualidad se cuantifica en millones de personas; buena parte de ellas envían remesas de divisas para ayudar a sus familias. Suma nada despreciable porque es superior al primer rublo agrícola exportador de Colombia, como resulta ser el café. De acuerdo a los datos de la Federación Nacional de Cafeteros cuantificada en millones de dólares, para los tres primeros meses del año en curso, es como sigue: enero, 270.6, febrero, 270, marzo, 170. Los envíos de los colombianos desde el exterior en forma legal se acercan a los cinco mil millones de dólares anuales. A esto hay que sumar las cantidades que usan otros medios, como es la de un amigo o conocido que viaja al país.

Hay un aspecto que no se puede omitir, es la imagen que tienen en Colombia del exiliado político ciertas organizaciones de izquierda, las que de manera subjetiva han creado un esterotipo de clipsé, que en ocasiones no se diferencia de la acuñada por el gobierno colombiano para descreditar al exiliado político. El exiliado político colombiano ha tenido que enfrentar en la tierra que lo ha acogido múltiples problemas; algunos de ellos casi infranqueables como es el idioma que resulta muy difícil aprenderlo para una persona de edad adulta o entrada en años. Otras de las grandes dificultades es que tiene que empezar de cero; en muchos lugares ni se le reconocen sus estudios elementales y menos su profesión si la tienen; además de tener, por las circunstancias, que asimilar civilizaciones, a veces opuestas a la suya, dada la realidad forzada. El exiliado colombiano no se ha sumergido en un idilio, sino en una situación de retos obligatorios para poder sobrevivir, ha tenido que superar la prueba impuesta por la nueva sociedad que lo acepta en su seno de la cual ha salido con valores cualificantes en tanto que persona y habitante del nuevo país. Sin embargo, el punto neurálgico ha sido el vituperio de algunas de sus propias organizaciones y compañeros, empezando por los calificativos de cobarde y oportunista, sin tener en cuenta su realidad personal, algunos de los cuales han salido del país para mantenerse en vida, porque los atentados a los que los sometieron sus enemigos los dejaron completamente inválidos; a otros de manera parcial, o a quienes les resultaba imposible proteger a sus familias amenazadas, y en ese orden, cada exiliado político tiene una razón superior a su voluntad y deseo que fueron las causas determinantes para abandonar el país.

Efer Arocha

Efer Arocha

Pensador y escritor
Vive en París
Efer Arocha

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