Glosas a la democracia real: Bolivia, Chile, USA

Los pueblos boliviano, chileno y norteamericano experimentaron en las semanas anteriores un gran alivio con el desenlace de procesos electorales que mantuvieron al mundo entero en una expectativa sin antecedentes.

El 18 de octubre se realizaron elecciones generales en Bolivia y Luis Arce del Movimiento al Socialismo MAS, partido de Evo Morales, ganó la presidencia con una holgada mayoría. El 25 de octubre se realizó el plebiscito que decidió por amplísima mayoría que Chile tendrá una nueva constitución dejando atrás el triste legado del dictador Augusto Pinochet. El día 3 de noviembre se realizaron elecciones generales en los Estados Unidos en las que, en medio de enorme tensión y polarización, finalmente resultó vencedor el candidato demócrata Joe Biden con su fórmula Kamala Harris.

Los tres son episodios de democracia real, esto es, de la democracia que ocurre en circunstancias absolutamente particulares de tiempo y lugar. De lo real siempre puede decirse que se aproxima en mayor o menor medida a lo normativo o ideal. Ahí es donde pueden caber las glosas. Estas se hacen a partir de una postura principista o teórica. No es serio que uno acepte o defienda como bueno todo lo que hacen sus copartidarios o quienes gozan de la propia simpatía.

La democracia, como la libertad, como los derechos, nunca se encuentra realizada en forma absolutamente perfecta. Es obra humana siempre perfectible. Se realiza en un proceso de ensayo y error y en todo momento es una mezcla de luces y sombras. Con base en esta premisa presento algunas observaciones o glosas a los procesos referenciados al comienzo.
Nunca es bueno tratar de perpetuarse en el poder mediante reformas forzadas que alteran la regla democrática fundamental de alternancia en el gobierno. Tal es una de las lecciones, en mi concepto, de la democracia real que hemos visto en Bolivia y otros gobiernos progresistas recientes en América Latina.

Es preciso atender al constituyente primario siempre que se manifieste de manera clara, sea mediante los votos con las manos (elecciones), o mediante los votos con los pies (marchas). Esa es una lección de la democracia real en Chile.

Llevar las diferencias propias de una sociedad plural a una extrema polarización, por cualquier medio, legítimo o no, nunca es saludable para la democracia. Me parece que esa es una de las lecciones de la democracia real que se ha visto en el tiempo del Presidente Trump en los Estados Unidos.

La democracia, siendo una extraordinaria realización de los pueblos fuertes, no deja de ser un bien público frágil, fácilmente vulnerable. Fuerte es el pueblo que tramita su pluralidad y conflictividad a través de pautas -culturales, normativas, institucionales- que él mismo se da. La fragilidad radica en que en un sistema donde intervienen millones de personas diferentes con igualdad de derechos siempre hay dificultades en el camino para lograr acuerdos, decisiones, mayorías, consensos.

La democracia sigue siendo la mejor opción para una gobernanza razonable, humanista, que amplíe la justicia, la libertad y proporcione las mayores posibilidades de felicidad al mayor número de personas y comunidades.

La democracia real colombiana parece presa de males quizá mayores que los que se ven en otras latitudes. Tenemos la enorme dificultad para manejar de manera tranquila, ordenada y estable nuestras diferencias. Eso hace que sigamos siendo en parte un estado fallido, a pesar de nuestras inmensas riquezas de toda índole: naturales, humanas, económicas, institucionales.

Necesitamos emplear mejor nuestra imaginación y creatividad para mejorar nuestra democracia. Comparto con Waldo Ansaldi (Clacso, 2010) que “no es que la democracia esté perdida: está bien guardada y mal buscada”.

luis.sandoval.1843@gmail.com