“La memoria debería ser ciudadana, no institucional”, Carlos Satizabal

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo* para Radio Macondo, 30 marzo 2015

Entrevista a Carlos Satizabal, director de teatro, dramaturgo, poeta, director grupo Tramaluna Teatro de la Corporación Colombiana de Teatro y profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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FSJ: ¿Son independientes los informes producidos por el Centro de Memoria Histórica?

CS: Los informes de memoria como ¡Basta Ya! dejan mucho qué desear porque tienen un sesgo. Con un amigo contamos las veces que son mencionados las paramilitares y la guerrilla, la guerrilla, aproximadamente 200 y los paramilitares 20 veces.

Hay muchas masacres y asesinatos ejecutados por los paramilitares, con apoyo de las fuerzas armadas, y con ese tema de las fuerzas armadas y paramilitares son sesgados. Las cifras presentadas dejan mucho que desear frente a las publicadas por el Cinep.

Hay un sesgo que le quita independencia a esos informes porque tienen que responder a presiones de organismos del Estado, del establecimiento y las fuerzas armadas; entonces no son independientes.

FSJ: ¿Hasta qué punto los informes de memoria realizados por orden gubernamental promueven la reflexión y dejan espacio para una interpretación crítica de la información allí expuesta?

CS: Se ha debido promover un debate alrededor de esto en la academia, en el medio universitario y los medios de comunicación pero en lugar de un debate sobre la consistencia o posible inconsistencia de las cifras y procedimientos investigativos, lo que yo he visto es más bien una recepción muy elogiosa.

Los califican de informes “valientes”, escucho decir qué horror esas cifras cuando en realidad son muchos más. Es como una teatralización de los hechos mediáticos para reducir el tamaño de la tragedia que este país vive y que como lo han dicho organismos internacionales es el desastre humanitario más grande del hemisferio occidental.

Esos informes no han facilitado un debate, que es urgente e indispensable hacer, algunas organizaciones de derechos humanos dijeron algo pero no se les prestó atención y en la academia no se presentó mucho debate.

FSJ: Gloria Gaitán, hija Jorge Eliécer Gaitán, hace una lectura de La Violencia diferente a la versión oficial, pues no la considera como se la conoce tradicionalmente bipartidista, la Comisión Histórica del Conflicto, propuesta en la Habana, también produjo versiones opuestas, en el caso de la UP los representantes de las víctimas ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hablan de 6.528 víctimas pero el Estado colombiano no reconoce esas cifras. ¿Se deben entonces aceptar los informes de memoria producidos desde el establecimiento como verdades absolutas?

CS: Por supuesto que no porque es una verdad interesada. Más que verdad esto obedece a intereses políticos, el Estado y el ejército han sido renuentes a aceptar que hay crímenes de Estado.

No reconocen que el terrorismo de Estado es sistemático. Algunos casos emblemáticos como el Genocidio de la UP, las ejecuciones extrajudiciales y los actos criminales producidos por el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) que persiguió a la oposición, líderes sociales, defensoras y defensores de derechos humanos y periodistas.

Estos hechos no han sido reconocidos, entonces no es posible que sus informes sean aceptados como verdad absoluta porque hay vacíos.

No hay verdad histórica aceptable porque es muy parcial, es una versión de la verdad interesada y planteada desde los intereses políticos, económicos, sociales y culturales determinados que se niegan a reconocer la participación activa del Estado en el conflicto armado colombiano.

FSJ: En su ensayo, Los que va del Nunca más al ¡Basta Ya![i], Fernando Cubides, sociólogo colombiano, plantea una pregunta: “¿Qué es pues la memoria, la memoria colectiva? No lo sabremos bien: el informe no se lo problematiza. Parece dar por sentado que la memoria colectiva es aquello que se fija institucionalmente”. ¿Qué respuesta podríamos darle a esta pregunta?

CS: En el final de Los Funerales de la Mama Grande, de Gabriel García Márquez, García Márquez sugiere que lo mejor es sacar los taburetes a la calle antes de que lleguen los historiadores[ii].

La memoria no es un asunto oficial porque es un asunto conflictivo, es construida por vencedores , por gente que está en el poder y silencia otra parte de la verdad para que la memoria sea compleja y abarcadora debe mirar las múltiples versiones, debería ser una memoria ciudadana no institucional porque responde a intereses de poder y esos intereses se manifiestan en el silenciamiento de otros puntos de vista de la realidad histórica.

Por ejemplo, faltan las miradas de los rebeldes y de los movimiento sociales, y la de las víctimas sin que éstas sean criminalizadas o estigmatizadas después de contar su verdad al decir: Por algo sería que les pasó lo que les pasó.

FSJ: En Historical Memory and Collective Memory, Memoria histórica y memoria colectiva, Maurice Halbwachs, afirma que la memoria es propiedad individual y la memoria histórica es colectiva. ¿Es posible alcanzar esa armonía entre las memorias individuales para producir una memoria colectiva que satisfaga las necesidades de verdad y justicia en Colombia?

CS: Creo que es posible pero sobre todo necesario que haya una memoria compartida que considere todas las memorias sobre los hechos que hacen parte de la complejidad del conflicto colombiano.

Hablo de una memoria que sea conocida por la ciudadanía, de un gran proyecto de memoria histórica, a través de las artes, de lo que hemos vivido sino no habrá paz.

FSJ: En Administración de la Memoria, Antonio Navalón, dice que: “ (…) Toda memoria que no signifique una enseñanza viva no vale para nada. Si no sirve para evitar la impunidad, no sirve para nada. ¿Qué tan útiles son los trabajos sobre memoria histórica si no acaban con la impunidad especialmente la impunidad proveniente del Estado?

CS: No acaban con la impunidad porque no han contado todo, son parciales, sometidas a grupos de poder que han sido partícipes del conflicto. Por ejemplo, algunos miembros de Acore, asociación de oficiales retirados, niegan que exista un conflicto armado sino que hay una amenaza terrorista, y por eso la guerrilla debe entregar las armas e ir a la cárcel.

Además no se reconoce la existencia de una política militar que utiliza la ilegalidad en la guerra contrainsurgente, esto es negado por el establecimiento y por dignatarios del Estado, con algunas excepciones como la mirada de César Gaviria.

La impunidad no se termina con castigar jurídicamente a unas personas sino cuando se reconoce lo que ha pasado, es la verdad la que facilita que no haya repetición.

FSJ: ¿Por qué en la reconstrucción de la memoria prima la narrativa del “patetismo”, de la derrota, sin desconocer lo esencial de describir la victimización, no sería más útil para Colombia reconstruir la memoria con base en una narrativa de la supervivencia?

CS: Las narrativas de la memoria hechas desde la derrota son fundamentalmente impulsadas por el poder para que no haya un cambio, para que las cosas sigan como están y siga habiendo derrotados, vencedores y vencidos.

La mirada patética es una contraparte de la mirada contrainsurgente, la mirada patética es promovida por las noticias, lo televisivo y melodramático, sin que se miren las causas del conflicto. Esa mirada esquiva las causas del conflicto, esa mirada patética es mas bien promotora del conflicto, no lo elabora a través del lenguaje, sino de que haya muertos y matanzas.

FSJ: En su ensayo La Fascinación del Descubrimiento, María Eugenia García y Edward Romero plantean que: “ (…) La visión de los medios de comunicación como únicos espacios de construcción de opinión pública no se ajusta a la realidad. ¿Qué impacto tienen los medios colombianos en la formación de una opinión y posición sobre la memoria?

CS: Hay una estrategia de guerra psicológica en Colombia, que se ha aplicado en otras partes del mundo, un proceso de manipulación de la sensibilidad y la emotividad de la ciudadanía.

Se construye una noticia diseñada de tal modo que señala como culpables a los rebeldes y luego de la noticia, hay otro desarrollo mediático que es la ficción. Un ejemplo, los hermanos Castaño, paramilitares autores de masacres, a Castaño lo entrevistaron y le hicieron un montaje escenográfico con virgen atrás.

Después aparece una novela que cuenta la historia de los criminales. Esta narra la historia de unos hermanos que pactan vengar la muerte de su padre, el mito del padre muerto, la gente se identifica con ese relato, con las razones de los asesinos que están vengando al padre. La verdad del proyecto paramilitar es convertida en una ficción melodramática, se invisibilizan intereses de Estados Unidos en el conflicto colombiano, entre otros, y la gente no sabe qué pasó.

La versión del conflicto no es solo construida desde la noticia y la entrevista sino también de la ficción que los lleva a identificarse con las razones de ellos y presentan a las víctimas como victimarios de nuevo, los revictimizan, por algo sería que los mataron.

FSJ: En los foros regionales de “víctimas” realizados en Colombia el año pasado, personas victimizadas por los paramilitares, el Estado y la guerrilla exigieron la construcción de espacios que recuerden su victimización. ¿Qué tienen ese tipo de espacios en el imaginario social y cultural?

CS: Creo que es necesario que se hagan múltiples monumentos, escrituras, mensajes, para que haya memoria pública, de lo que ha pasado, para que la ciudadanía pueda comprender qué pasó.

FSJ: ¿Qué papel puede cumplir la cultura en la reconstrucción de la memoria?

CS: En este momento, hay una cultura para la guerra, la dominación y silenciamiento de las corazones y emociones de la gente, hay una cultura de guerra psicológica pero esto no es nuevo.

Cuando ocurrió la Masacre de las bananeras dijeron que no habían matado a nadie, en aquella época la denuncia de Jorge Eliécer Gaitán en el Congreso sobre esa masacre sirvió para hacer una obra de teatro experimental en Cali.

Nosotros parece que hiciéramos un giro hacia la ficción para comprender la realidad pero aquí ha sido necesario porque hay una política pública de negación de los hechos, del horror.

Para que haya paz es necesario un proyecto de arte y cultura para la paz y la memoria de los hechos vividos en el que participen artistas y personas victimizadas para que se compartan otras perspectivas.

Por ahora, pienso yo, la única mirada compartida es la del paramilitarismo: me mataron a mi papá y voy a vengar su muerte o la del hermano secuestrado, hay que superar el escenario de la venganza y superar esa mirada.

El arte permite construir una memoria compartida, poesía, pinturas, murales, presentaciones, todos los lenguajes de las artes son necesarios movilizar el imaginario. Aquí hemos sufrido un gran cambio cultural, manipulación mediática y guerra psicológica y superarlo es posible a través de un proyecto de arte para la paz. La memoria compartida no solo moviliza la razón sino los sentimientos.

* Periodista, maestra en relaciones internacionales y trabajadora comunitaria.

Notes

[i] http://fcubides.tripod.com/sitebuildercontent/sitebuilderfiles/nuncamasabastaya.pdf

[ii] Al final de su relato “Los funerales de la Mama Grande”, Gabriel García Márquez puso en labios de su narrador una reflexión singular: “Sólo faltaba entonces que alguien recostara un taburete en la puerta para contar esta historia, lección y escarmiento de las generaciones futuras, y que nin­guno de los incrédulos del mundo se quedara sin conocerla…”. Allí sugiere que la historia debería ser narrada en primer lugar por sus protagonistas y sólo después por los especialistas; que la Historia, antes de convertirse en densos volúmenes, sea elaborada como cuento. Ospina, William. Colombia en el planeta, Relato de un país que perdió la confianza. http://www.istor.cide.edu/archivos/num_37/dossier2.pdf