La paz es un polígono al que le disparan de todas partes

En Colombia los políticos desconocen el concepto deontológico que guía esa actividad para quienes la ejercen y donde buena parte vive de ella. La primera transgresión que hacen senadores, representantes y otros especímenes, es el que la verdad carece de contenido, significación o conocimiento; conocimiento que en cualquier parte del mundo se tiene como una necesidad fundamental que debe ser conocida en su totalidad, tal como sucedió en la realidad, es el hecho sin cargas y sin interpretaciones, sea en el área del estado o en el de la ciudadanía.

¿Cuál es el suceso motivo de esta preocupación?

Un grupo de servidores públicos de la policía nacional que perseguía en un helicóptero Blac Hawl, cumpliendo su deber de capturar a avezados delincuentes de la banda del grupo de los urabeños, comendada por los hermanos Úsuga, tuvo un desenlace fatal que exige respeto por la dignidad de las víctimas, y que nosotros Ciudadanos por la PAZ, lamentamos profundamente, y nos unimos al dolor de sus familiares. Nos parece indigno, obsceno y reprochable, que se utilice con fines censurables este suceder luctuoso, por políticos inescrupulosos que buscan desviar lo fundamental del caso, como es el hecho grave de la pérdida de vidas humanas de las personas que perecieron en la tragedia.

Sin embargo, lo más aberrante de todo esto, resulta ser que personajes de la más alta dignidad de la nación, como es el senador y expresidente de la república, señor Alvaro Uribe, desfigure la verdad utilizándola contra sus adversarios políticos y arremetiendo de manera perversa contra el proceso de PAZ. Toda oposición, como también todo oficialismo político, merece respeto y es necesario para la conducción de una nación, pero sobre todo para la vida democrática de las instituciones y de los partidos, el de guiarse por parámetros deontológicos. Pero cuando los dirigentes y los partidos se salen del cauce señalado con acciones perversas, nos encontramos ante la descomposición por putrefacción del hacer político de una nación. Un país donde se violan de forma cínica y sin ninguna responsabilidad la verdad; cimiento de los valores éticos, pilares de la sociedad y del estado, estamos frente a un cuadro de conducta propio de la delincuencia de las cárceles colombianas, hágalo quien lo haga.

La paz no es el caballo de Troya para ganar piso político, o, para sacar ventajas individuales o grupistas. Ellas es la meta a alcanzar por toda la sociedad Colombia como unos elementos que nos permiten ser un pueblo sano y sobre todo normal. La Paz nos va a garantizar el acceso a la vida común, como la de salir a pasear por un parque con la familia, hacer compras, sin custodias y zozobras por la muerte en asecho.