La precariedad para ascender a lo humano

La estrategia estadounidense que lo llevó a la victoria, es que, como aprendiz de brujo fundió tres elementos distintos e intocables en el manejo del poder político; al menos que se quieran correr riesgos en el plano estratégico: nacionalismo, poder militar y religión; monstruoso cóctel explosivo que causó la derrota del entonces imperio soviético. La victoria dará muchos dividendos, y también tragedia, igualmente herencias. La más significativa entre ellas fue la del señor Osama bin Laden y su organización Al Qaeda. El Tío Sam avaro de dinero se craneó otra aventura, a través de su embajadora; indujo al presidente Sadam Hussein a anexarse Kuwait, antiguo territorio iraquí. Sadam hombre toreado en muchas plazas, esta vez cayó en la trampa, excusa para su derrocamiento y destrucción de la nación; y de paso, la oportunidad le brindó la forma de aligerarle la bolsa a Arabia Saudita, por el escalofrío de ser invadida, es posible, que haya sido su mejor negocio.

En Afganistán el Tío cometió un error, crear Al Qaeda, absurdo estratégico, quien luego lo castigaría severamente con su 11 de septiembre. En Irak vuelve a equivocarse; colgando a Sadam, eliminando a sus más altos dirigentes y encarcelando a sus partidarios de significación, empezando por los generales. El E.I. en el plano militar ha acertado en constituir una fuerza de primera línea, obviamente con la ayuda de ciertos estados que le han aportado armas de alta sofisticación y la aquiescencia de presuntos enemigos que le han permitido movilizar un hilo interminable de camiones que se encargan de transportar petróleo el que vende de contrabando, bajo la vista gorda de estados limítrofes. Junto a esto hay que sumar uno de sus éxitos incorporativos el de haber rescatado de las cárceles a los cuadros militares de Sadam, los que gustosos realizan su trabajo porque tienen muchas cuentas por cobrar. Estos incorporados no son cualquier combatiente, son hombres de conocimientos y curtidos en el manejo de armas. Por ello el E.I. es una fuerza militar exitosa, tanto interna como externamente. Retomando el hilo luego vendrán los hechos en Libia y Siria, tarea en la cual justo es decir, el Tío Sam no está solo, lo acompañan Inglaterra y Francia.

Aquí surge otra inquietud: cualquier persona con una cultura mediana sabe que la guerra es un negocio de alta rentabilidad en término de dividendos inmediatos; sin embargo, en el plano estratégico, teniendo en cuenta el interés de los pueblos, los estados y la humanidad, no sólo es un negocio perdedor, sino un absurdo. Esto último lo conoce cualquier político de regular inteligencia en cualquier parte del mundo. Las guerras de lo que llamamos modernidad, son hijas de intereses privados insaciables de riquezas, asunto que se pasa por alto en análisis y críticas, debido a que fácilmente se confunde con el estado y también con organismos internacionales que terminan a su servicio. Este es el quid de la fenomenología de la violencia; sea externa o interna, y quien desee conocerlos sólo le basta con averiguar sobre los lobbies que ellos tienen junto a los gobiernos de las potencias que deciden qué es lo que se hace en el planeta.

Otra de las causas de la amarga realidad en que vivimos en esta Europa de grandes desaciertos y aciertos que ha hecho llorar y soñar a la humanidad, es su incapacidad de decisión para enfrentar correctamente el presente. Las migraciones de la región de manera sistemática y que últimamente se han acentuado, requieren determinadas medidas que se originan en la deuda pendiente con África, obligación que se extiende también a otros, como es la reconstrucción de Irak, Libia y Siria; es una necesidad estratégica que esta parte del planeta se desarrolle de acuerdo a las exigencias actuales. Varias personas han comprendido a cabalidad esto, pero sólo el expresidente Jacques Chirac dio un paso en la dirección correcta. La idea de Jean Tobin, conocida como la tasa Tobin, la que es un impuesto mínimo al movimiento de capitales de manera temporal; es suficiente para extirpar de raíz la pobreza secular de África y subsanar el desastre material de los tres países citados, y así poder poner fin a las migraciones por muchos detestada.
Sin embargo, el principal error de Europa está en la degradación de sus valores fundamentales. Cómo es posible que en la tierra de Shakespeare, Freud, Voltaire, Marx, Nietzsche, para mencionar apenas a éstos, el estado se hinque ante el templo de la ignorancia por el interés de los votos, cuando lo que se necesita es un ciudadano común, cuyo pensar esté acorde con los avances de la técnica y la ciencia, cerebros epistémicos; o sea, que su pensamiento se corresponda con el avance material, sintetizado en las naves espaciales que se disponen a llevarnos a otros planetas, mientras que la acción militar ubica nuestra conciencia en la Edad de Piedra. Conciencia que condense los principios de verdad derivados del espectacular avance del grado material de civilización que cada día nos entrega progresos en todos los planos de nuestro vivir cotidiano, realidad diaria que aporta hechos preciosos para liberar nuestra acción cognitiva de las cadenas del oscurantismo, fanatismo y absurdos; sendero verdaderamente libertario en la educación de la juventud, con la cual se obtendrá la plena libertad que necesita su cerebro y de esa manera su soñar cimentado en cada utopía personal, produciéndoles un pensar diferente. En este sentido, el pensamiento de los pueblos aborígenes de América, que tienen una cosmogonía armónica, donde el sol y el agua, son categorías de valor esencial para la vida, en apariencia son divinidades; pero al analizarlas resultan ser la comprensión de la naturaleza, como la verdadera razón de nuestra vida y civilización. De ahí se deriva que el planeta se convierta en la “Madre Pacha Mama”. Aquí se presenta una concordancia entre conciencia y realidad, que en leguaje filosófico se expresa en la categoría de ser y sujeto. Si el hombre común no asciende a la verdad, seguiremos como estamos, y entonces cada estado tendrá los enemigos que se merece.