París, el exilio colombiano, la música, La Paz…

Y allí estaba la emblemática Plaza de la Bastilla, plaza de la libertad por los años años venideros. Por allá en 1789 había sido tomada por el pueblo francés en lo que luego sería reconocido el primer acto de la Revolución Francesa, ese sábado 13 de junio el sol ardía, el verano se asomaba en su esplendor y el ambiente alegre de la ciudad me hacía sentir en casa, no estaba lejos de equivocarme.

La cita era en el café Falstaff, ubicado en uno de los andenes que compone el paso peatonal que rodea la Columna de Julio, un imponente monumento que me obligó a alzar la mirada y continuar admirando las maravillas que la historia nos heredó, nuevamente esa pregunta se posó en mí, ¿a donde ira a parar la historia de la humanidad?… Bajé la mirada y ahí estaba el café, punto de partida para un encuentro musical y amistoso, ‘Paz y exilio en Colombia’ -organizado por TEJE París y Ciudadanos por La Paz de Colombia-, al que había sido invitada como ponente en días pasados, y donde tendría la fortuna de hacer patria con un grupo de colombianos y colombianas exiliados, jóvenes, viejos, escritores, activistas y sobre todo soñadores como yo.

El calor hacía de las suyas, mientras, de acentos y sonrisas de nuestra Colombia se iba llenando el lugar, con unas 60 personas dimos inicio a la tertulia en la que expuse mi experiencia como colombiana en el exterior, una experiencia de vida marcada cargada de humanidad, en la que las víctimas del conflicto armado, y la esperanza de poner fin a la guerra en mi país han copado mi imaginación y tiempo durante los últimos dos años, creando alternativas de participación ciudadana a quienes alguna vez se les arrebataron sus derechos y sus proyectos de vida a cambio del dolor del desplazamiento forzado transfronterizo y el destierro, los exiliados colombianos. Ese es un pedacito de la historia del Foro Internacional de Víctimas, aporte desde el exilio y la migración colombiana al Proceso de Negociación de La Habana.

Miguel Ángel Vargas y Pamela Lozano, encuentro Paz y Exilio en Colombia. París, junio 13 de 2015
Miguel Ángel Vargas y Pamela Lozano, encuentro Paz y Exilio en Colombia. París, junio 13 de 2015
Miguel Ángel Vargas, compañero en la tertulia, es un hombre pausado, de palabras cuidadas y cargadas del dolor de quien ha vivido el proceso exilico por un poco más de 30 años, la historia política de Colombia y la poesía como catarsis en medio del destierro daban matices a su intervención. Miguel Ángel es fundador y director de Pluralis, revista de la diáspora colombiana, a quien se encuentre lejano de las fronteras colombianas o interesado en la vivencia de quienes lo estamos le recomiendo hacer un click y conocer esa esquina de encuentro.

El público nos miraba expectante, y como buenos colombianos la impaciencia por hablar no daba espera, se abrió espacio a preguntas y comentarios por unas dos horas; la urgencia por interpelar y transformar las desigualdades de nuestra Colombia se convertían en una sola voz, el exilio político clamaba un lugar en la historia y su reconocimiento como agente político en un escenarios que muchos sentimos tan nuestro como lo son el presente y futuro de Colombia.

Nuevamente me sentía en casa, en ese país donde el orden social, el Estado, las instituciones, los actores sociales y la ciudadanía conviven en profunda tensión, donde las víctimas de la violencia se convierten en cifras y realidad con el correr de los segundos, donde algunos nos resistimos a creer que esa es la única Colombia que podemos construir, y nos resistimos con nuestras sonrisas cotidianas, con la música, con el arte y así quedó registrado en el vídeo que acompaña estas palabras.

Justamente a unos cuantos metros del café Falstaff, al pie de la columna de Julio yacen los nombres de 615 víctimas de las jornadas revolucionarias de julio 1830 y se puede leer “A la gloria de los ciudadanos franceses que se armaron y combatieron por la defensa de las libertades públicas en las memorables jornadas del 27, 28 y 29 de julio de 1830″. Que gran abismo se cierra cuando un monumento simbólico le da valor a la vida de quienes lucharon en defensa de bienes comunes, alimento mi esperanza, algún día habrá lugar para esclarecer si nuestra democracia ha estado siempre del lado de sus ciudadanos, sobretodo de aquellos que ha luchado por la defensa de los derechos humanos…

Y bueno, llegó la hora de la música, llegó el momento en el que París, el exilio colombiano y la Paz se convirtieron en sentimiento. Cesar López, músico colombiano que transformó una AK-47 en guitarra y es Mensajero de la No Violencia por la ONU nos recordó con las letras de sus canciones como las mujeres, madres y esposas somos el sostén de los hombres en guerra, como los hombres en guerra a veces disparan sin odio, sólo porque les toca… nos recordó por qué estábamos ahí reunidos… como almas de buenos soñadores.