Una mirada al exilio

Por fortuna son muy pocos los que olvidan que Gabriel García Márquez, pocos meses antes de recibir el premio Nóbel de literatura, tuvo que salir desterrado hacia Méjico al enterarse de que los militares lo querían de huésped en la sala de torturas de Usaquén. Como sacados de sus escritos, algunos compatriotas suyos desterrados se enfrentaron a otras realidades con la locura. Uno de ellos, un viejo contador de cooperativa rural, una tarde de duro invierno se acercó a la gigantesca estatua de la plaza principal de Malmö, también Suecia, a protestar por las masacres de labriegos que estaban cometiendo en Colombia. Con una larga cadena oxidada se amarró a las patas traseras del caballo que carga al rey Gustavo IV Adolfo. A los pocos minutos empezó a gritar que lo socorrieran que se estaba muriendo de frío. Nadie escuchaba. Las horas trascurrieron y el viejo contador, en silencio, abandonado a su suerte, se fue cubriendo de nieve. Ya en la oscuridad de la noche, daba la impresión de ser una blanca boñiga del caballo. Lo salvó, por casualidad, uno de los obreros que quitaban la nieve de los espacios públicos. Muchos años antes, los primeros doce desterrados de ese país llegados a Suecia, iban a cometer una locura similar. Tras una larga reunión nocturna, llena de humo de cigarrillos y vapor de café, determinaron hacer una acción de protesta contra los asesinatos selectivos de los militantes de izquierda en Colombia. Marcharían por la autopista de casi 800 kilómetros que une a Lund con Estocolmo. Uno de ellos, que andaba en silla de ruedas, iría al frente izando una enorme bandera tricolor. Era un enero de inicio de los años 80 y el duro invierno tenía a toda Suecia cubierta de nieve. A la hora de la partida en el centro de la ciudad, fueron detenidos por tres agentes que nada entendían pero que no permitieron la marcha por carecer de permiso de la policía. Pero eso no es de asombrar ya que en tierras lejanas un desterrado está expuesto a lo irracional.

Algo de ese mundo loco en el campo laboral: Fogosos oradores obligados a comunicarse a señas, hábiles cirujanos ganándose el pan del día lavando trastes en los restaurantes, catedráticos convertidos en domadores de elefantes en los circos, dirigentes sindicales en aseadores de baños en los trenes o arquitectos condenados a ganarse el pan de la vida como ayudantes de albañilería. Porque es así, en el exilio rara vez se trabaja en lo que se quiere y se ha ejercido. Aunque en el mundo luterano ningún trabajo es vergüenza y todo oficio señala el camino al cielo. Quienes doblemente padecen esta metamorfosis laboral son los trabajadores de la palabra escrita cuyo exilio se da en lugares de idiomas impronunciables. ¿Qué tal Rulfo obligado a escribir en islandés, mandarín o japonés? A un escritor desterrado en país ajeno a su lengua le va mejor escribiendo con el dedo en el agua de las albercas. Nunca sabrá para quien escribe. En su nuevo lugar de residencia nadie lo puede leer y en el lugar de donde lo desterraron a nadie le llegan sus escritos.

En fin. No tiene el aire de hipérbole la idea de que con los refugiados del mundo se podría poblar un sexto continente. Allí tendrían cabida todos aquellos a quienes les han usurpado la tierra y hasta la mujer que fue condenada al exilio llevando las cenizas de su furtivo amante. También los que se jugaron la vida por una idea y los que fueron expulsados por el color de su piel. Del mismo modo a quienes sus detractores les inventaron calumnias y a quienes los moralistas persiguieron por no ponerle mojones al delirio de la carne. Cabrían en ese continente el contestario, el creyente, el anarquista, los olvidados, los dueños de locuras y el disidente. No se quedarían por fuera los que hicieron dardos con palabras ni los testigos oculares de infamias ni los nihilistas del tercer mundo ni los derrotados en emboscadas pero tampoco los vendedores de sueños. En ese continente, por penoso conocimiento de causa, nadie sería desterrado y ninguno sería distinguido con el apelativo inmigrante.

Victor Rojas

Victor Rojas

Jurista, escritor, reside en Suecia
tector@hotmail.com
http://juegodeescorpiones.blogspot.se/
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