Falsos positivos judiciales: mentira y manipulación

Se repite la historia

No deja de sorprender las similitudes que presentan dos casos de montajes judiciales contra líderes y activistas sociales acaecidos con más de 30 años de diferencia. Y los dos casos rodean sendas negociaciones de Paz: el primero en pleno inicio de las conversaciones entre el gobierno de Belisario Betancourt y el M-19; y el segundo, armado en el calor de las actuales negociaciones entre las FARC y el gobierno colombiano.

En diciembre de 1982 cerca de 20 activistas sociales fueron injustamente inculpados del secuestro y asesinato de la líder gremial y miembro de la élite política y económica, Sra. Gloria Lara de Echeverri. Estas personas fueron presentadas a la opinión pública mediante un show mediático sin precedentes por el Ministro de Defensa de la época, General Landazábal Reyes y el jefe de la Brigada de Institutos militares General Diaz Sanmiguel. Los enemigos de la Paz de aquel entonces dieron un golpe mediático contra el gobierno de Betancourt y contra las conversaciones iniciadas con el M-19. (ver http://www.in-justicia.net/caso-gloria-lara-los-hechos/, http://www.in-justicia.net/caso-gloria-lara-un-vaiven-judicial/ )

El pasado 8 de julio varios jóvenes activistas fueron presentados por los medios de comunicación como peligrosos terroristas, con prejuzgamiento del mismo presidente Juan Manuel Santos y el mismo bombo mediático. Esta “cacería de brujas”, dirigida en gran parte contra el movimiento del Congreso de los Pueblos, toma un sentido especial en el contexto del proceso de paz y demuestra justamente que Colombia sigue siendo un país en guerra contra los “enemigos interiores”. (Regis Bar, Palabras al margen). (Ver http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/no-hay-paz-sin-democracia-sobre-la-criminalizacion-del-pensamiento-critico?category_id=138 )

En los dos casos la violación de los Derechos mínimos de los detenidos es flagrante: falta de pruebas, detenciones arbitrarias, violación de la reserva del sumario, prejuzgamiento antes de iniciarse el proceso, intromisión excesiva y parcial de los medios de comunicación, escarnio público.
La historia reciente colombiana está plagada de montajes judiciales y ha sido una práctica recurrente en el conflicto colombiano. Unas veces ha sido utilizado con el objetivo de golpear líderes sindicales, políticos o sociales, otras para impedir el ascenso político de algún dirigente incómodo para el establecimiento, o para demostrar eficacia y resultados de las fuerzas policiales, militares o judiciales. Y en muchos casos para sabotear el avance de las negociaciones de Paz o para debilitar el ascenso de los movimientos sociales o políticos de oposición.

El Caso Gloria Lara es un caso emblemático de este tipo de montajes. Y a fuerza de un discurso repetitivo, prolongado en el tiempo, se ha construído una falsa verdad. A su vez ha sido utilizado desde su inicio en 1982, y hasta nuestros días como arma de desprestigio contra las organizaciones de izquierda en Colombia, y contra ONGs de Derechos Humanos nacionales e internacionales. Los injustamente involucrados siguen en el destierro luego de un proceso judicial de más de 20 años en el que, bajo presiones diversas, nunca se logró la absolución definitiva de estas personas a pesar de las innumerables pruebas que se aportaron al proceso. Una prescripción de la acción penal fué decretada por la Corte Suprema dando fín a esta maratón judicial.

La suerte del grupo de jóvenes detenidos recientemente está en entredicho. Las contradicciones manifiestas en la inculpación realizada por la Fiscalía contrastan con el prejuzgamiento expresado con una ligereza sospechosa por parte del Presidente colombiano y la gran prensa. La presencia de ONGs internacionales y nacionales, la vigilancia internacional y la presión social ayudarán a garantizar el debido proceso. El silencio y la invisibilidad de estos montajes, son el principal aliado de la injusticia.

En estos casos, como en tantos otros, prima el prestigio de las Fuerzas de Seguridad del Estado y de la Fiscalía sobre la verdad y la Justicia, sin hablar de la suerte de inocentes quienes deben cargar con el estigma de un delito que no han cometido. El manejo que la gran prensa hace de estos casos aporta confusión en la opinión pública, busca deslegitimar la lucha social y desprestigiar a sectores políticos alternativos.

Estos montajes son una muestra clara de las dificultades que rodean las negociaciones de Paz y de la manipulación que sus enemigos y aquellos de la democracia ejercen para golpear a las fuerzas interesadas y activas en la construcción de un país en Paz con justicia social y en la profundización de la democracia.
Desde el exterior los colombianos de la diáspora, los exiliados, los estudiantes y los amigos de Colombia deben estar atentos a denunciar estos montajes infames, a exigir a las autoridades judiciales el debido proceso y a la gran prensa el respeto de la presunción de inocencia. Y esto, como contribución para avanzar en la construcción de una Colombia que resuelva sus conflictos sociales en Paz y en Democracia.
París, 18 de julio 2015.